
Hay etapas de nuestra vida, en las que por nuestra rigidez, necesitamos de una cruda tormenta para entender lo que estamos intentando salvar que no debe salvarse, para un poco después, ser capaces de ver lo que no nos damos la oportunidad de ver, de vivir.
El ímpetu sin raíces no es más que viento.
La ambición sin humildad es solo ruido.
El sufrimiento es solo una condena, si no nos sirve para aprender.
Cuando nace una pregunta a renglón seguido del sufrimiento, cuando la pérdida se transforma en comprensión, cuando el orgullo se abre paso hacia la franqueza y la franqueza hacia la piedad… entonces y solo entonces los proyectos experimentas una metamorfosis y se transforman en vida, capaces de crecer, imperfectos, pero vivos, como tu.